BLAIR
Había un olor metálico mezclado con el de la carne quemada, combinación que por alguna razón me pareció nauseabunda.
En el fondo de mi mente titilaba una campana desconocida, y los sonidos del viento y de la madera al romperse lo llenaron todo. Me sentía mareada, como si algo me hubiera sacado de mi centro y, de repente, solo abrí los ojos de par en par y me senté, dando una bocanada de aire que me hizo jadear, y que asustó a todos los que estaban alrededor, menos a él.
—Oye, ¿estás bien