BLAIR
No sabía qué hora era cuando me desperté, pero al voltear encontré a un Dominik plácidamente dormido a mi lado, recostado sobre su costado izquierdo.
El cuarto no se hallaba por completo a oscuras porque las cortinas estaban abiertas, lo que me permitió ver el perfil de su rostro envuelto en parsimonia. No era un hombre feo, ¿quién podría decir eso? Pero poseía un atractivo que no conseguía explicar en palabras. ¿Se trataba de ser pelirrojo? No era el primero que conocía en mi vida; ¿tal