92. El pasado que persigue.
Abracé con fuerza de Santiago y enterré mi cara en su cuello, porque él era mi lugar seguro.
Ahora lo sabía, sabía bien eso y no lo dejaría escapar.
— También te extrañé — murmuró él en mi oído.
Yo sonreí de una forma un poco cómica al ver el recibimiento que le había dado, y me aparté para mirarlo a la cara.
— ¿Pasó algo? — le dije.
Su sonrisa se borró lentamente. Lo tomé de la mano y lo llevé hasta el inmueble.
— Te presento al cabo Suárez. Mi hermano lo dejó aquí para que me cuidara.
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