77. Suéltala.
A pesar de que tenía tantas cosas por asimilar, lo primero que hice en cuanto Máximo soltó aquella confesión fue empujarlo con fuerza por el hombro, por que recordé la visión dónde ambos hombres se mataban y me negaba a creer que eso era una predicción de futuro.
— Deja de pensar en la muerte, maldita sea — dije, saliéndome por completo de mis casillas — . ¿Por qué siempre tienes que pensarlo desde ese punto, que todo tiene que ser venganza y sangre y muerte y cadáveres? ¡Estoy harta de todo