69. Ecos tras el cristal.
El ambiente estaba helado. Podía sentir el frío como comenzaba a colarse en mis huesos. Volteé a mirar el enorme espejo que había en la sala de interrogatorios. Pude ver mi propia expresión derrotada: mis ojos cansados, el cabello despeinado. La imagen que me devolvía a mí misma el espejo era una que no era capaz de reconocer; era una mujer que no reconocía, delgada, con la piel tan pálida como una porcelana.
No sabía cuánto tiempo llevaba viéndome de esa forma, porque hacía tanto tiempo que no