70. Las heridas que no sanan.
Me tomé un muy largo rato en contarle todo lo que había pasado a Arturo. Expliqué cada cosa que había sucedido desde la llegada de Valeria a mi vida y a la vida de Santiago, hasta la inevitable amenaza de la Cofradía y el tiempo que me impusieron de un mes para poder encontrar no solo la respuesta para el medicamento del sueño, sino destruir el medicamento contra los síntomas de abstinencia.
Todo, cada detalle, se lo conté: las ubicaciones, el lugar en el que vivíamos en la anterior ciudad y la