67. Dile
dile.
La expresión que pude haber en el rostro de Santiago fue prácticamente indescifrable. No supe en ese momento: ¿se sintió alegría o miedo por lo que yo le estaba contestando? Tal vez eran mis propias emociones las que me tenían nublado el buen juicio. Pero cuando desvió su mirada hacia el pequeño niño que estaba ahí, prácticamente colgando de mi pierna sin saber que era lo que estaba pasando, sentí que el corazón se me hizo en dos.
— Después me lo explicas — me dijo, seguramente entendie