50. Entre la culpa y el deseo
Las palabras de la inversión de este brasileño llegaron a mi cabeza mientras Santiago me besaba. Porque él lo había dicho: tenía que seducirlo, tenía que hacer que se enamorara nuevamente, porque así conseguiría lo que estaba buscando.
Pero mientras sentía la calidez de la lengua de Santiago alrededor de mi cuello, supe que lo que estaba haciendo no lo hacía por la misión, ni por destruir el medicamento Serexor para que la Cofradía tuviera nuevamente el poder que tanto anhelan y tenemos aquí. E