49. Suya.
suya
No me parecía que estar sola con Santiago fuera una buena idea. La última vez que estuve sola con él, había intentado seducirme, y las palabras de aquel brasileño de la Cofradía recorrieron mi cabeza mientras avanzaba hacia la oficina que el mismo Santiago me había dado dentro del laboratorio. Tal vez yo debía hacerlo; tal vez debía seducirlo, debía aprovecharme de que él aún sentía cosas por mí — que era evidente que Santiago todavía sentía cosas por mí — . Pero, ¿qué pasaría entonces co