26. ¿Más mentiras?
Deslizó sus cálidas y grandes manos por mis brazos y pude sentir cómo todo mi cuerpo se estremeció. Quería que me tocara, pero al mismo tiempo quería que me dejara de tocar; era una sensación extraña que me atravesaba desde el vientre. Entonces yo misma me aparté, dando un paso al frente.
— Quiero una copia de este contrato — le dije — , ¿ya me oíste?
— Claro que sí — me sintió — . Tendrás una copia física y también una digital que enviaré a tu correo electrónico.
— Pero ento