25. Pura tensión.

La mano de Santiago comenzó a subir por mi pierna y yo sabía que tenía que detenerla. Sabía que definitivamente tenía que detener el avance de esa mano que comenzaba a sentirse tan cálida que resultaba abrumadora, pero no la detuve. Con la botella de champaña vacía en la mano observé cómo subía por mi pierna y se perdía por debajo de la bata de científica que aún no me había quitado.

— Santiago — le dije — .

Pero en el momento en el que pronunció su nombre sentí su calor, su respiración
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Isabella Lopezpor qué,son tan bobas algunas protas?las humillan a más no poder y a la primera ay andan abriendo las piernas al inútil o dejándose tocar,deberían darles una lección de verdad,
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