25. Pura tensión.
La mano de Santiago comenzó a subir por mi pierna y yo sabía que tenía que detenerla. Sabía que definitivamente tenía que detener el avance de esa mano que comenzaba a sentirse tan cálida que resultaba abrumadora, pero no la detuve. Con la botella de champaña vacía en la mano observé cómo subía por mi pierna y se perdía por debajo de la bata de científica que aún no me había quitado.
— Santiago — le dije — .
Pero en el momento en el que pronunció su nombre sentí su calor, su respiración