112. la huella.

Comencé a vestirme con rapidez. Pero cuando me puse de pie, me invadió un corto mareo. El reciente orgasmo había sido muy rápido, y la amenaza de mi hermano de que era yo quien debía descubrir el mensaje que nos había dejado Gabriel me había descolocado bastante. Así que comencé a vestirme, pero Santiago me tomó por el hombro.

— Cálmate — me dijo — . Recuerda que no estamos haciendo nada malo.

Yo no tuve opción que darle la razón, así que me terminé de vestir con paciencia, pero sin pausa.
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