El murmullo se transformó en un zumbido ensordecedor. Los invitados giraban la cabeza, algunos con gestos escandalizados, otros con sonrisas morbosas. Adrienne, pálida y con los labios apretados, dio un paso hacia Ryan.
—Ryan… —su voz temblaba, pero no de tristeza, sino de pura furia contenida—. Dime que esto no es verdad.
Ryan no la escuchó. No la veía. Todo lo que existía en ese momento era Julie, su voz y esas palabras que lo habían atravesado como un disparo. *Estoy embarazada de ti.*
El sa