Cuando Christopher abrió los ojos, tenía a cuatro rostros viéndolo con incertidumbre. Tres eran de sus hijos y uno era de Campbell.
—Ayúdame a levantarme joder —exclamó Langley con la frente sudorosa.
Ryan se apresuró a darle la mano a su amigo y después de que este se sentara en el sillón destartalado, corrió por una botella de agua fría con azúcar y también una gaseosa de colita. ¡Se veía mal! Pálido, sudoroso, desorbitado, perdido.
La mano de Langley atrapó las dos botellas y con una rapid