Las luces violetas seguían girando en el techo, los cuerpos aceitados aún estaban congelados en mitad del show, y los billetes falsos flotaban como mariposas en el aire, cayendo entre piernas marcadas y sonrisas que empezaban a desvanecerse.
Alisson tragó saliva. Lenta. Como si pudiera frenar el tiempo con ese gesto.
Christopher la miraba fijo. No parpadeaba. Las venas del cuello marcadas. La quijada apretada como si estuviera conteniéndose de algo peor.
«Mierda…», pensó Alisson. «Ni siquiera