Me abro de piernas para él como una mujer de la mala vida, pero supongo que todas somos así cuando estamos con el hombre que amamos. Christopher me mira, el sudor bañando su cara. ¿Por qué hace tanto calor en esta habitación? me pregunto, mientras siento cómo el sudor me recorre la espalda. Suspiro cuando él toma con su mano derecha su tronco y lo acerca a mi entrada. Empuja su glande hacia mi interior y…
—¡Ah! —exclamo cuando el dolor me avasalla.
Sé que estoy lo suficientemente lubricada, pe