El corazón de Christopher pareció detenerse.
Por un segundo, el pitido del monitor se quedó colgado en el aire como una cuerda tensa. Luego el sonido volvió, más rápido, más alto, acompañando la oleada de sangre que le estalló en las sienes. Trató de respirar hondo, pero el aire le sabía a metal. No dijo nada. Esperó. Con los dedos crispados sobre la sábana, los ojos fijos en el rostro de Austin, aguardó a que el hombre hablara.
El anciano se sentó a su lado, acercó la silla hasta que sus rodil