La doctora respiró hondo antes de hablar. Sus ojos miraron directo a Ryan, con esa mezcla de cansancio y compasión que solo tienen quienes trabajan a diario con vidas en juego.
—Señor Campbell —comenzó con voz firme—, su esposa está estable. Tanto ella como la bebé están a salvo.
Ryan parpadeó, incrédulo.
—¿Ella… y la bebé? —repitió con un hilo de voz.
La doctora asintió.
—Ha sido un milagro que la bebé resistiera. Con la paliza que recibió su mujer, lo normal habría sido que la perdiera. P