El reflejo en el espejo se hizo más claro a medida que Christopher intentaba enfocar la vista. El mareo que lo dominaba le hacía dudar de su propia percepción, pero no había error. Allí estaba.
Aniela dio un paso hacia adelante, y su silueta esbelta se iluminó bajo la tenue lámpara del salón. Llevaba un vestido corto, ajustado, provocativo, que marcaba con descaro cada curva de su cuerpo. Los meses en prisión la habían dejado más delgada, con una piel pálida que resaltaba bajo la tela oscura. S