Flor sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando sus ojos se desviaron, casi por instinto, hacia la puerta principal. No fue imaginación suya. Tres hombres con trajes oscuros, impecables, entraron sin pedir permiso, con pasos seguros, calculados, totalmente serios.
Sus miradas frías recorrieron la sala, se detuvieron un segundo en los niños y luego volvieron a Emma. Flor apretó las manos de Alex y Maximiliano con fuerza.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó, aunque en el fondo ya conocía la re