Paul sonrió con una sonrisa lenta, torcida, inquietante, mientras sus ojos brillaban con una mezcla de malicia y anticipación.
Se acercó aún más a Ariana, y comenzó a quitar la soga de su otra pierna con una calma calculada. Sus movimientos eran deliberados, calculados como si estuviera saboreando cada segundo de su dominación.
Ariana, incapaz de moverse, observaba con una mezcla de miedo y repugnancia mientras Paul se inclinaba sobre ella.
—No me toques, —suplicó nuevamente con una voz te