Ariana
El mar siempre me ha parecido honesto.
No finge. No promete lo que no puede cumplir. Va y viene, como la vida misma, como todo lo que alguna vez creí perder y que hoy, milagrosamente, está aquí conmigo.
Estoy sentada sobre una manta extendida en la arena, con los pies descalzos, sintiendo la brisa tibia del atardecer rozarme la piel. Frente a mí, Ethan persigue a uno de sus hijos mientras Mónica, con una risa suave, intenta evitar que el más pequeño termine completamente cubierto de are