Mientras tanto, El club estaba casi vacío esa tarde. Las luces tenues dibujaban sombras sobre las mesas, y la música sonaba baja, suficiente para cubrir el murmullo de conversaciones y risas lejanas, pero sin ahogar la sensación de soledad que flotaba en el aire. Emma se apoyaba en la barra, cruzando los brazos y revisando su teléfono, aunque en realidad apenas prestaba atención a los mensajes. Observaba a los demás como quien estudia piezas de un tablero de ajedrez, evaluando sus movimientos,