Ethan estiró la mano con cautela, como si temiera que el sobre pudiera quemarlo. Sus dedos, fuertes y largos, rozaron el papel manila ligeramente arrugado. Había algo en él, en su peso, en la forma en que había sido entregado, que erizaba el ambiente.
—¿Esto qué es? —preguntó con el ceño fruncido, sin apartar la vista del sobre.
Mónica, que llevaba casi una hora caminando de un lado al otro sin poder calmar su ansiedad, se detuvo frente a él. Había tensión en sus hombros, en la manera en que pr