Sus hombros se elevaron, sus manos temblaron apenas y soltó un pequeño jadeo involuntario.
Leonardo la miró, y aunque estaba lleno de furia, algo en esa reacción le arrancó una sonrisa leve, ladeada, entre exasperada y tierna, no lo quiso, pero le salió.
Porque incluso asustada, incluso empapada, incluso peleándole… Ariana lo desarmaba.
Se llevó una mano a la cabeza, entre frustrado y rendido ante lo que le provocaba, y avanzó hacia ella con pasos largos.
—Ariana… maldita sea. Ven acá.
Ella se