Leonardo avanzó hasta el auto con pasos largos y descontrolados. La furia le tensaba los hombros, le quemaba la sangre. Martin lo siguió en silencio, pero apenas cerraron las puertas y el motor rugió, supo que debía hablar antes de que esa ira se convirtiera en un error irreversible.
—Señor… —dijo con cautela mientras arrancaba—. Creo que antes de ir con el señor Harry Velmon debemos conseguir hombres. Hombres dispuestos a todo.
Leonardo apoyó la cabeza un segundo contra el respaldo, cerró los