Mientras tanto, en la casa presidencial Harry salió por la parte trasera de la casa presidencial cuando el cielo aún estaba oscuro, apenas faltaban unas horas para el amanecer.
No hubo discursos, no hubo despedidas. Solo el eco de sus propios pasos resonando en el pasillo exterior y el peso insoportable de una certeza que se negaba a aceptar: por primera vez desde que había llegado al poder, estaba huyendo.
No iba esperar a que llegaran a detenerlo. Nadie lo iba a ver derrotado, y mucho menos L