La oscuridad de la mansión Rosewood ya no era la de un hogar en penumbra, sino la de una tumba que respiraba. Tras el video póstumo de Silas Pierce, el aire se había vuelto denso, cargado de una sospecha que se adhería a la piel como el hollín. Lauren caminaba por los pasillos con los sentidos en carne viva, cada sombra proyectada por los candelabros de cristal le parecía el perfil de una enemiga, cada crujido de la madera antigua, el paso de un verdugo.
Alexander había ordenado el cierre total