El caos del carrusel se había extinguido bajo una capa de nieve virgen y el silencio sepulcral de los pasillos de mármol de la nueva sede de Rosewood Corporation. Silas Pierce, el titán que creía haber devorado el mundo, yacía en una unidad de cuidados intensivos, con la vida escapándosele por el agujero que el alfiler de Elena había dejado en su orgullo y en su garganta. Pero mientras el enemigo externo se desangraba, una hemorragia mucho más peligrosa comenzaba en el corazón de la familia.
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