14 | Sombras en el ático
La mansión Rosewood ya no era una prisión de lujo; se había transformado en un búnker asfixiante. Tras el macabro hallazgo del dedo amputado, Alexander había sucumbido a una paranoia gélida y absoluta. El sonido de los cerrojos electrónicos sellándose uno tras otro resonaba en los pasillos como disparos de gracia. Guardias armados, hombres de confianza que Lauren nunca había visto, patrullaban el perímetro bajo la lluvia incesante, mientras Alexander dictaba órdenes por teléfono con una voz que