El silencio que siguió al derrumbe emocional de Alexander fue más pesado que cualquier grito. Se quedó allí, anclado a su hombro, con la respiración entrecortada que poco a poco se fue tornando en el ritmo pesado y errático de quien se queda dormido por puro agotamiento nervioso. Lauren no se movió. Tenía el cuerpo entumecido, el hombro herido le pulsaba bajo el vendaje y el corazón le martilleaba contra las costillas, pero el peso del hombre de hierro sobre ella la mantenía cautiva en una treg