Capítulo ciento veinte. Llamada Inesperada
NUEVA YORK
Scarlett abrió los ojos, su cuerpo estaba dolorido y su garganta seca como el desierto. Se cubrió el rostro para protegerse de los rayos del sol, había amanecido y ella se había quedado dormida en la silla.
—Dios, me duele todo —murmuró, levantándose. Sintiendo cómo el cuerpo le protestaba sin piedad.
Scarlett se estiró y se arrepintió en el momento que lo hizo, por su garganta subió una pequeña bolita que en un inicio creyó que era la bilis. Corrió al baño y a duras penas alcanzó a