No podía ser, ¿cómo que homicidio? No maté a nadie, eso no tenía sentido, tenía que hablar con papá, necesitaba hablar con los abogados, con quien fuera.
Una vez en casa, no tuve tiempo de hacer la llamada, pues Anuar me jaló bruscamente hasta encerrarnos en el estudio, Oscar quedándose afuera.
El rostro de Anuar era una máscara de ira, sus hombros cuadrados tan tensos y una vena en su cuello se marcaba tanto, que sentí que en cualquier momento iba a reventar.
—Explícame —siseó en un murmullo b