La abogada Suárez sería quien llevaría la b****a del caso, el asistente era mayor que ella y de renombre, pero dada la naturaleza del caso, todos concluyeron que lo mejor era que una mujer fuera el rostro de la defensa. Viéndolo de lejos, todo parecía un teatro, todos querían dar el espectáculo perfecto y tener el favor del juez.
Pero no era un juego, era el resto de mi vida, no podían tomárselo a la ligera.
—¿Cómo estás, Eloísa?
—Mal —no traté de esconder mi mal humor—. ¿En qué momento se convi