Pronto, mis días dejaron de ser vacíos y sin sentido, tener un objetivo me mantenía con la cabeza ocupada, todavía no descubría exactamente mi lugar en el mundo, pero cada día me sentía mejor persona, aquel sentimiento de desesperanza y fracaso se difuminaba mientras mi autoestima mejoraba.
Si hace medio año alguien me hubiese dicho que tendría trabajo, un perro y un marido, jamás lo habría creído.
Y todo gracias a la peor traición que viví.
Lo que más me hacía sentir culpable era que, conforme