Mi primer día en el orfanato fue un caos, sobre todo porque mi capacidad para organizarme nunca supe desarrollarla. Y porque el puesto en el que me posicionaron me rebasaba y por mucho.
¿Quería gritar y salir corriendo? Sí, definitivamente, pero no podía acobardarme ahora.
Tenía una carpeta con los horarios de las maestras, los salones asignados y las listas de alumnos. Al ser supervisora, mi trabajo consistía en cerciorarme de que las clases se impartían de la forma correcta, que las forma de