—¿Quién es Aarón?
La niña reparó en mí, sus enormes ojos marrones examinándome con curiosidad. Antes de responder, miró a la monja como si pidiera permiso.
—Es mi amigo, llora mucho —miró hacia la ventana—. Su mamá le daba dulces de mora, solo quiero que sonría.
Me abstuve de preguntar por la historia de Aarón, no quería abrir los ojos a la realidad. Prefería vivir en mi burbuja perfecta.
—Si usted compra mi pintura, Aarón tendrá sus dulces.
Si tuviera dinero, claro que lo haría, por desgracia,