La expresión de la mujer fue de indignación y sorpresa, pero se repuso, se encogió de hombros y me saludó con un beso en ambas mejillas.
—Claro que no me molesta —aseguró en tono venenoso—. Eloísa, cariño, ya quería conocerte.
—Mucho gusto señora…
—Dime Betty —hizo un gesto con la mano—, tampoco se requiere tanta formalidad. Ya te quería conocer.
Para juzgarme y criticarme seguramente. Su mirada viajó desde mi cabello hasta mis zapatos, para no sentirme como un insecto me senté rápidamente.
—Igu