La última noche de mi luna de miel fuimos a la cena de beneficencia de Giovanni Ricci, dueño de una cadena de restaurantes de comida italiana. Tenía unos trillizos preciosos de tal vez ocho años, su esposa era una señora sonriente y de rasgos amables que me ofreció todo tipo de aperitivos y bebidas.
—Me dijeron que eres pedagoga —me sirvió otro trozo de tarta de limón—. Tienes todo el perfil, déjame decirte.
—Oh, ya tiene unos años que terminé la licenciatura —un aleteo de emoción nació en mi in