—Déjanos hablar a solas, Hank, por favor —insistió Emerson.
Hank tuvo que aceptarlo, y dejó a los hermanos solos.
—¿Qué quieres, Emerson? Supongo que me odias.
Emerson negó.
—¿Odiarte? No es así. Quiero decirte que, hablaré con mi padre, te daré la mitad de toda la herencia que dejó mamá.
Los ojos de Denver se abrieron confusos.
—¿Y por qué harías eso? Quiero decir, sin pelear.
Emerson sonrió.
—Porque es lo correcto, porque es lo que mamá quería.
—Pensé que me odiabas por lo de tu exesp