Anya sintió que recuperó la cordura, empujó a Emerson.
—¡No me beses!
Emerson tenía una mirada oscura, quiso más de sus labios, pero ella retrocedió, por cada paso que él daba hacia ella, Anya daba otro atrás, eso era como una daga para el corazón de Emerson.
Anya quería escapar de él, tuvo claro que nunca más lo permitiría.
Sus ojos se volvieron severos, tristes.
—¿De verdad no me dejarás conocer a mi hija?
Anya sintió que eso era una bofetada invisible. Se sintió muy culpable. Él tenía r