—¡Anya…! —Emerson murmuró su nombre con anhelo.
—¡Eres un impostor! No eres nadie, baja ahora mismo —dijo Bill tocando su pecho con fuerza
—¡Soy dueño de esto, tanto como tu hijo! Y tengo un testamento que lo comprueba —dijo Denver.
Bill sintió terror, y rabia. Entonces, Emerson se acercó.
—¿Es cierto? ¿Él es mi hermano? —exclamó Emerson.
—Sí, soy tu hermano —dijo Denver.
—¡Es un bastardo que no tiene derecho a nada! —gritó Bill.
Aunque intentaban hablar entre ellos, los invitados lograro