Peter intentó acercarse a Denver y enfrentarlo, pero èl lo empujó al suelo, haciéndolo caer, mientras los chocolates cayeron al suelo.
—¡¿Qué demonios te sucede, Denver?! ¿No lo entiendes? Yo no soy tu mujer.
Denver la mirò con rabia, tomó su brazo, la obligó a salir.
Peter estuvo a punto de ir por ellos, pero Johana lo detuvo.
—¡No lo hagas! ¿No ves que es un loco?
—¡Quítate de mi camino, Johana! —exclamó
—¡No lo haré! No quiero que te lastimen.
Peter estaba enfurecido, la empujó a un lado, per