Los recuerdos tristes vinieron a Denver y empujó a la mujer de su lado tan fuerte que ella casi cayó al suelo.
Los ojos Abigaíl se abrieron sorprendidos
—¡¿Y entonces qué quiere de mí?! Dígalo de una buena vez, ¿quiere torturarme?, ¿golpearme? Dígalo de una m*****a vez y acabé con este martirio —gritó la mujer desesperada.
Los ojos de Denver se abrieron grandes e incrédulos ante sus palabras.
—¿Así que tienes valor, mujer? —exclamó severo.
Abigail volvió a la realidad, retrocedió asustada,