Abigail se apuró a vestirse, tomó el cheque, recordó las palabras hirientes que ese hombre le dijo, le dolieron, las lágrimas cayeron por su rostro.
Hubiese querido darle el cheque, negarse a tomar algo de quien la odiaba, pero estaba desesperada, ¿a quién más podía suplicar?
Respiró profundo. Debía salir de ahí, pero las piernas le flaqueaban por la humillación.
Denver estaba afuera, con la mirada cabizbaja, pensaba en ella, su cuerpo se contenía del deseo de volver y hacerla suya.
Pero, i