Emerson llegó a la casa por la noche. Era tarde, y se sentía desolado. Ver a su padre hundirse en prisión, ver cómo todo lo había perdido le causaba dolor. Después de todo, ese hombre era su padre.
Cuando llegó a la alcoba, observó a su esposa dormida.
Solo verla hizo que su estado de ánimo cambiara, ahora Anya tenía el poder de hacerlo feliz.
Se recostó a su lado, la abrazó y la acercò a su pecho.
Ella despertó enseguida.
—¿Estás bien? Volviste tarde…
—Anduve vagando, lo siento, no me se