97° La preopuesta.
Mauricio no respondió de inmediato. Se limitó a observar al detective con esa calma que ya le conocía, una calma que no era ausencia de emoción sino control absoluto sobre ella. Luego inclinó apenas la cabeza, como si evaluara una jugada invisible, y finalmente habló con una voz baja pero firme:
— Vamos a hablar a solas.
El silencio se tensó en la habitación. Nadie cuestionó la decisión, pero tampoco pasó desapercibido que Mauricio no se levantó de inmediato. Primero giró el rostro hacia Micha