Mauricio se puso de pie como si un resorte lo hubiese empujado y caminó por el corredor del autobús.
Usualmente era tan frío, tan neutro, con sus reacciones tan medidas y tan calculadas, pero en ese momento no; en ese momento pude verlo preocupado, ansioso. Abría y cerraba las palmas de las manos, mientras Melanie se quedaba ahí en silencio.
Yo sabía lo que pretendía. Sabía que aquella escapada había sido tal vez algo exagerado y desmedido; tal vez había querido simplemente llamar la atención,