92° La sombra tras el nombre.
No hubo tiempo para procesar nada.
Mauricio apenas terminó de derribar al hombre de cabello largo cuando me tomó del brazo con firmeza y me obligó a moverme. No hubo palabras de consuelo, ni preguntas, ni siquiera una mirada prolongada para asegurarse de que yo estaba bien. En su mundo, sobrevivir venía primero; todo lo demás podía esperar.
— Nos vamos. Ahora — ordenó.
Y yo obedecí.
El centro comercial seguía lleno de gente, completamente ajena al caos que se había desatado en los pasillos tr