78° El heredero de la serpiente.
Comencé a caminar por la habitación, un poco asustada, porque aquello no podía suceder. Si Raúl se aparecía en ese instante en la mansión, sería un caos completo. De alguna forma tenía que lograr interceptarlo antes de que el hombre apareciera.
—¿Le diste la ubicación exacta? —le pregunté al pobre de Santiago.
Estaba ahí, sentado, cruzado de brazos, sin saber muy bien qué hacer.
—Claro que le di la ubicación exacta, creo que todos en la oficina deben saberla.
Michael estuvo a punto de darle un